Nacer por cesárea, lactancia materna
Parir es una de las mayores proezas que transita el cuerpo de una mujer. Parir no solo es el acto de traer una vida al mundo. Parir es conectar con lo más profundo de nuestro ser y crear las circunstancias para hacerlo como sentimos, hasta llegar a convertirnos en las mamíferas que somos.
Durante muchos años, parir fue algo que me contaban como malo y doloroso, y como un proceso compartido con la institución en la que decidías parir, casi dejando fuera a la mujer de la ecuación, cuando aquí quien pare soy yo.
Tuve que parir para darme cuenta no solo del engaño que me habían contado y de la manipulación que existe en torno al parto, sino también de que quería contar mis partos sin miedo a sentirme afortunada, saliéndome de esa estadística de trauma que muchas veces deja la experiencia del parto en las mujeres. Quería contar, alto y claro, la realidad y la conexión que tuve en mis partos, haciendo que parir se convirtiera en la experiencia más salvaje de mi vida.
Ahora acompaño partos desde una mirada de sostén, donde no solo me muevo allí donde se mueve la mujer parturienta, sino que entiendo que el parto empieza en el tercer trimestre y continúa en el posparto.
Pero ¿qué pasa cuando una mujer desea parir, desea transitar esta puerta hacia la maternidad, pero su bebé viene de nalgas o, por circunstancias anatómicas, por un acontecimiento inesperado, por placenta previa, desprendimiento de placenta o porque la dinámica del parto se estanca y aparece sufrimiento fetal, existen motivos que hacen necesario realizar una cesárea en el quirófano?
Lo más importante en la preparación al parto es hablar y realizar un plan de parto contemplando todas las opciones posibles, sabiendo que todo puede cambiar el día de nuestro parto. Aceptar la manera en la que vamos a parir es la verdadera entrada a la maternidad.
Es recomendable hacer un plan de parto cesárea como otra manera de llegar a nuestro bebé, pero el camino de qué hacer y cómo queremos hacerlo cuando ese bebé llega a nuestros brazos también es nuestro. Y esa llegada es vital para la madre y el bebé. Volvamos a coger las riendas en ese momento y sintamos ese poder mamífero que nos invade al mirar a nuestro recién nacido a los ojos. Es ahí donde todo empieza y acaba a la vez.
Una de las grandes preocupaciones ante una cesárea es si se podrá dar lactancia materna, por todos sus efectos positivos y por la posibilidad de crear vínculo en los primeros momentos de vida. El vínculo se puede conseguir también sin lactancia materna, pero que la lactancia materna lo promueve es un hecho.
Pero saber que la lactancia materna tras una cesárea tiene ventajas que son muy interesantes de nombrar:
- El útero, tras una cesárea, tarda más en recuperar su tamaño normal que después de un parto vaginal. La lactancia durante los primeros días ayuda a que ese útero recupere antes su tamaño normal.
- Puede ayudar a favorecer la pérdida de peso, y esto puede contribuir a que la madre tenga mayor movilidad tras la cesárea.
- Favorece la protección del sistema inmunológico del bebé tras nacer por cesárea.
- Conseguir instaurar la lactancia materna tras una cesárea hace que la mujer gane confianza y sienta que tiene el control de la situación, aunque la lactancia no siempre sea fácil a corto plazo.
Pero la lactancia materna tras una cesárea puede retrasarse, no solo por la ausencia de piel con piel con la madre durante los primeros 90 minutos después del nacimiento, sino también por la falta de las hormonas que se activan durante el parto cuando la cesárea es programada. Es importante saber que, cuando la placenta se separa de la cavidad uterina, las hormonas empiezan a activarse y a hacer su trabajo en todo el proceso del nacimiento por cesárea. La prolactina se activa y hace posible que la lactancia materna pueda iniciarse en ese momento en el que la placenta se desprende de la cavidad uterina. Además, se sabe que los fármacos utilizados durante la intervención de cesárea no son incompatibles con la lactancia materna. Entonces, ¿por qué esperar para colocar al recién nacido sobre su madre si sabemos la importancia de hacerlo en un tiempo determinado.
Con lo cual, lo ideal, si se puede, es no demorar en el tiempo este momento: que la madre esté cerca de su bebé haciendo piel con piel y dejando que pueda acercarse al pecho es clave para el éxito. Esta acción se puede realizar incluso en un quirófano, como asegura Sofía Fournier a Maldita.es.
En ocasiones, la separación entre la madre y el bebé se prolonga más de lo esperado y, por motivos médicos, hay que dar un biberón de fórmula de inicio al recién nacido. Esta acción puede retrasar aún más esa primera estimulación del pecho para favorecer la subida de la leche. La falta de apetito puede anular la búsqueda y, por lo tanto, la estimulación.
Quiero contaros también que la textura, la fuerza y la temperatura de la tetina no tienen nada que ver con la areola y el pezón, y eso puede generar confusión en el recién nacido. La postura de esa toma para el bebe deberá ser con el método Kassing.
Las posturas para colocar al bebé para lactar suelen ser difíciles para la madre, que puede no encontrar una posición cómoda durante los primeros días. La cesárea no deja de ser una intervención quirúrgica con un posoperatorio que necesita su tiempo.
¿Qué cosas podemos hacer y escribir en nuestro plan de parto?
- Piel con piel con la madre durante los primeros 90 minutos.
- Evitar separar a la madre y al recién nacido y llevarlos a lugares diferentes durante ese minuto de oro.
- Durante los días posteriores a la cesárea, favorecer la lactancia a demanda, sin esperar más de 2-3 horas entre tomas, incluida la noche. Esto favorecerá la subida de la leche.
- Si se puede y la presión externa de las primeras semanas se maneja bien, permitir las visitas de familiares y amigos, procurando que el bebé esté en brazos el mayor tiempo posible. Necesita seguridad y protección.
- Buscar posturas adecuadas en las que tanto la madre como el bebé se sientan confortables y disfruten del momento.
Ideas de posiciones para la lactancia durante las primeras semanas
- Posición de crianza biológica: la madre recostada entre 15 y 65 grados, boca arriba, y el bebé boca abajo, en contacto piel con piel con el cuerpo de la madre.
- Posición recostada de lado: la madre y el bebé se encuentran uno frente al otro, con la cabeza del bebé a la altura del pecho y los pies hacia los pies de la madre.
- Posición de rugby: colocar al bebé debajo del brazo de la madre, con las piernas hacia atrás y la cabeza a la altura del pecho.
Estas posiciones son recomendadas utilizando un cojín de lactancia.
Un recordatorio antes de elegir la postura correcta para cada mujer y cada situación
- El cuerpo del bebé siempre debe estar bien alineado: oreja, hombro y cadera en línea recta. Nunca con la cabeza girada. Prueba a tragar con la cabeza girada hacia la izquierda: dificulta el proceso.
- Ombligo con ombligo: el ombligo de la madre junto al ombligo del bebé, aproximadamente, claro. Lo que no puede pasar es que el bebé mire hacia el techo.
- La nariz del bebé debe tocar el pezón: este reflejo hará que el bebé incline la cabeza hacia atrás y abra la boca bien grande.
- Haz lo posible por acercar al bebé al pecho, no el pecho al bebé. La postura de la madre tiene que ser cómoda y ergonómica. Si los primeros días acercas el pecho al bebé, acuérdate de recolocarte después para hacer de la lactancia un tiempo de placer para las dos partes.
- Presta atención a los labios del bebé: deben estar evertidos, de manera que podamos ver cómo asoma la cara interior del labio, con saliva.
- El mentón, del bebe, toca el pecho.
- Las mejillas deben estar redondeadas, sin que entre ni una chispa de aire. Si escuchas un chasquido, invita a tu bebé a soltar el pecho y vuelve a invitarle a lactar, empezando desde el principio.
La cesárea debería ser la única opción cuando no sea posible realizar un parto vaginal, después de una evaluación en el momento del parto, del seguimiento del embarazo y de aquellas situaciones en las que la alternativa al parto vaginal no sea posible. Siendo una decisión tomada única y exclusivamente por el personal médico especializado en ginecología.
Nacer por cesárea puede hacer que la mujer necesite un seguimiento y apoyo psicológico durante los primeros años, así como apoyo en lactancia materna para sostener la díada bebé-mamá durante las primeras semanas de vida. Formar parte de un grupo de lactancia siempre es una de las mejores opciones.
Y si tu bebé nació por cesárea, quiero que recuerdes algo: has parido. No eres menos madre. Tu cuerpo no ha fallado.
Tu maternidad no empieza de una manera menos poderosa porque tu bebé haya llegado a través de una cesárea. Empieza en el mismo lugar: en tus brazos, en tu piel, con tu mirada, tu olor y en ese primer encuentro que cambia para siempre quién eres, una mujer transformada. Quizá no fue el nacimiento que habías imaginado. Quizá tuviste que soltar el plan que habías construido y confiar en un camino diferente, eso también te hizo la mujer que eres hoy. Por este motivo no dejes de sentir todo lo que eso te provoque: tristeza, rabia, alivio, gratitud, miedo o incluso una mezcla de todas esas emociones.
Pero una cesárea no te quita el poder de ser protagonista de tu nacimiento de tu bebe. Lo eres igual que otra mujer.
Después de llegar hasta aquí, ya sabes puedes amamantar si así lo deseas. Puedes buscar ayuda, pedir acompañamiento, probar posturas, equivocarte, volver a empezar, hasta encontrar vuestra manera.
Porque después de una cesárea también hay un cuerpo que necesita ser sostenido, una madre que necesita ser cuidada y una díada que necesita tiempo para encontrarse. No importa cómo llegó tu bebé al mundo. Importa que tú también seas cuidada en ese nacimiento. Que nadie te haga sentir que tu cesárea te ha robado tu experiencia de parto. Quizá el camino fue diferente, pero tú sigues siendo parte esencial de esa historia.
Tu cuerpo hizo lo que necesitaba hacer para encontrarse con tu bebé.
Y ahora empieza lo verdaderamente importante: tú, tu bebé y ese vínculo que vais a construir juntos, día a día.
Se puede.
Y podemos.
Bienvenida a la maternidad, mama, es tuya, no dejes que te la arrebaten