Cómo duermen los bebés

 

 

Inmediatamente después del parto, podemos observar cómo el reflejo de succión de los bebés es innato. Si colocamos a un bebé cerca del seno de su mamá tras nacer, es capaz de reptar y llegar hasta el pezón para empezar a succionar. El instinto de alimentarse, es fundamental para la supervivencia, dota al bebé de las herramientas necesarias para buscar y encontrar alimento durante las primeras horas de vida.

Con el sueño no sucede lo mismo: después de nacer, los bebés no saben conciliar el sueño; es necesario practicarlo y ensayarlo, y así aprenden a dormir. Por ello, debemos establecer rutinas que les ayuden a conseguirlo.

Los bebés tienen dos tipos de sueño, ambos igual de importantes y saludables, aunque existe una diferencia clara entre ellos. Os lo explico a continuación:

  • Sueño ligero: Es fundamental para que el cerebro del bebé crezca y se desarrolle. Durante el sueño ligero, el bebé se mueve, emite ruiditos, abre y cierra los ojos rápidamente, respira de forma irregular (rápida y lenta) y se despierta con facilidad.
  • Sueño profundo: Es el más necesario, ya que es el momento en el que el cerebro descansa. Durante el sueño profundo, el bebé permanece inmóvil, se relaja, tiene las piernas y los brazos flojos, respira de forma constante y regular, realiza movimientos de succión con los ojos cerrados y no se despierta fácilmente al cambiar de posición.

Los bebés recién nacidos, al dormirse, tienen un sueño muy ligero. Antes de acostar al bebé en la cuna, capazo o mochila de porteo, es importante observar si aparecen las señales de sueño profundo, lo cual suele ocurrir aproximadamente 20 minutos después de haberse quedado dormido.

Lo normal y esperable es que, durante la lactancia materna, el sueño del bebé sea más ligero. Esto se debe a que los bebés no nacen sabiendo dormir y necesitan más tiempo para alcanzar un sueño profundo.

Me gustaría explicaros cómo evoluciona el sueño del bebé a lo largo del tiempo, para que podáis entender cómo va madurando y cómo cambia su patrón de sueño según la etapa en la que se encuentre. Conocer a nuestros bebés desde una perspectiva científica nos acerca a comprender lo que está por venir, aunque cabe destacar que cada uno es diferente y vive sus tiempos de forma particular.

Un dato interesante:

  • Un recién nacido debe dormir entre 16 y 17 horas al día.
  • A los 3 meses, alrededor de 15 horas.
  • Al año, entre 13 y 14 horas diarias.

Primeras semanas

Durante las primeras 6 semanas, el sueño del bebé es impredecible, pues se está adaptando a la gran transición de vivir fuera del cuerpo de mamá y a la novedad del mundo que le rodea. Es probable que duerma solo unas pocas horas seguidas; al principio, algunos no llegarán a dormir durante una hora completa y se despertarán varias veces a lo largo del día y de la noche. Es normal que el bebé tenga hambre y quiera comer durante la noche, ya que, durante la lactancia materna, se realizan más tomas nocturnas que diurnas.

En estas semanas, el bebé necesita lactar varias veces consecutivas. Se alimenta frecuentemente de la teta, ya sea mediante tomas cortas y frecuentes o a través de una o dos tomas prolongadas al día. Esta modalidad, conocida como lactancia materna a demanda, ayuda a regular tanto la frecuencia de las tomas como la producción de leche de forma natural. El bebé se despertará con frecuencia para lactar; esto garantiza que duerma lo necesario y que la regularidad de las tomas estimule una mayor producción de leche.

Entre 6 y 8 semanas

Al pasar el primer mes de vida, aproximadamente entre las 6 y las 8 semanas, el bebé comienza a dormir más por la noche, ya que permanece despierto durante más tiempo en el día (aunque esto no siempre sucede). Sin embargo, las tomas nocturnas aún superan a las diurnas. Es normal y saludable que se despierte para alimentarse durante la noche. Recuerda: duerme cuando duerma tu bebé; aunque sea una siesta breve, te ayudará a sentirte más descansada.

A los 3 meses

A los 3 meses, el bebé empezará a dormir por períodos más largos, aunque todavía no duerme toda la noche. Durante la noche, suele despertarse una o dos veces por hambre, o incluso más durante una etapa de crecimiento repentino (las famosas crisis de lactancia). Sin embargo, notarás que el bebé entra en sueño profundo más rápidamente, de modo que, tras la toma, podrás acostarlo poco después y quedará tranquilo y dormido.

A los 6 meses

A los 6 meses, es posible que el bebé duerma hasta 4 horas seguidas. Algunos bebés ya duermen toda la noche, pero en otros casos no es así. Las noches pueden variar considerablemente en cuanto al número de tomas. Amamantarlo durante la noche sigue siendo la forma de alimentarlo, incluso cuando ya ha comenzado la introducción de alimentos sólidos.

Alrededor de los 8 meses

Alrededor de los 8 meses, las horas de sueño se vuelven más regulares. Es probable que duerma dos siestas durante el día y más de 4 horas durante la noche. Amamantarlo o darle un biberón a la hora de dormir ayudará a calmarlo, aunque es posible que empiece a llorar si lo dejas solo y te alejas, lo que podría dificultar aún más las siestas y el sueño nocturno. Lo más importante es mantener una rutina regular, ya que esto no solo le hará sentir más seguro, sino que también le ayudará a aprender a tranquilizarse y a asociar ese momento con la relajación necesaria para conciliar el sueño. Algunos bebés son capaces de calmarse y dormirse solos alrededor de los 8 meses, mientras que otros adquieren esta habilidad más tarde.

Durante el primer año

Durante el primer año, es posible que los bebés se despierten con más frecuencia debido a periodos de crecimiento repentino, enfermedades, dentición o cambios en la rutina. Algunos bebés tardan en empezar a dormir toda la noche. Si durante el día el bebé está contento, activo, duerme adecuadamente y muestra un crecimiento normal, no hay motivo para preocuparse.

A continuación, os dejo algunos truquitos a tener en cuenta para ayudar a nuestros bebés a conciliar el sueño:

  • Colocar al bebé siempre boca arriba: Asegúrate de que el colchón esté inclinado a unos 20 grados; nunca debe colocarse boca abajo.
  • Superficie de sueño adecuada: El bebé debe dormir sobre una superficie firme, sin almohadas, peluches ni juguetes. El lugar donde duerme debe estar libre de objetos, contando únicamente con el colchón y las sábanas.
  • Dormir en la misma habitación: Es recomendable que el bebé duerma en la misma habitación que tú. Puedes llevarlo a tu cama para amamantarlo.
  • Evitar superficies blandas: El bebé nunca debe dormir en un sofá u otra superficie blanda, ni durante las siestas.
  • Ropa adecuada: Viste al bebé con la ropa apropiada para la temperatura ambiente; no necesita capas adicionales.
  • Pijamas y pies: No recomiendo pijamas que tapen los pies, ya que a veces provocan que los dedos se enfríen durante la noche. Es preferible usar calcetines o, si os animáis, dejar los pies descubiertos.
  • Envolver al bebé: Algunos bebés se sienten más seguros cuando se les envuelve o arropa en muselina. Aunque esto puede calmar a un bebé inquieto antes de dormir, se debe retirar la envoltura antes de acostarlo; no recomiendo que duerma así envuelto.
  • Mantener al bebé cerca: Durante la noche, mantén al bebé cerca; así te resultará más fácil reconocer cuándo tiene hambre y podrás amamantarlo de inmediato.
  • Ruido blanco: El uso de ruido blanco puede ayudar a conciliar el sueño. Es un buen recurso para detectar si llora, ya que con otros sonidos puede resultar más difícil identificar sus llamados.
  • Luces tenues: Mantener las luces bajas durante la alimentación y el cambio de pañal puede ayudar al bebé a volver a dormirse más rápidamente.
  • Descansa cuando duerme tu bebé: Aprovecha los momentos en que duerme, incluso si son siestas breves, para descansar tú también.

La falta de sueño es una de las muchas cosas que no nos cuentan cuando somos mamás. Una vez que tienes a tu bebé en brazos, dejas de dormir de forma continua; te costará conciliar el sueño y te preguntarás:
«No sabía que era posible vivir sin dormir lo que dormía antes de ser mamá.»

Pues, queridas, quiero contaros que contamos con una verdadera tribu de hormonas que nos sostiene y nos ayuda a sobrellevar esta etapa tan complicada de una forma admirable.