Entendiendo la disquecia del lactante

 

 

Cuando nuestro bebé nace, la primera deposición recibe el nombre de meconio. Lo esperable es que aparezca durante las primeras 24 horas de vida. Después, las cacas de los bebés pasan a ser amarillas, líquidas y con aspecto grumoso.

Durante los primeros días es muy importante observar las deposiciones, ya que son un buen indicador de que el bebé se está alimentando correctamente. Cuando ofrecemos lactancia materna, una de las dudas más frecuentes que recibo en consulta es: «¿Cómo sé si mi bebé está comiendo suficiente si no veo cuánto toma del pecho?». Ver cacas en el pañal es una señal tranquilizadora de que la alimentación está siendo adecuada.

Al principio es habitual que el bebé haga una deposición después de casi cada toma. Sin embargo, este patrón irá cambiando con el paso de los días. Poco a poco pasará a hacer unas tres o cuatro deposiciones al día, aunque seguirá realizando entre 8 y 10 tomas diarias. Este cambio suele generar preocupación en muchas familias, especialmente cuando un bebé que hacía varias cacas al día comienza a hacer solo una o incluso pasa uno o dos días sin hacer ninguna.

No todas las deposiciones suelen ir acompañadas de gases. En ocasiones, las cacas tardan en llegar y, aunque el bebé continúa mamando con normalidad, lo vemos incómodo: se retuerce, se pone rojo, arquea la espalda y parece hacer un gran esfuerzo para hacer caca sin conseguirlo.

Esto ocurre porque el intestino del bebé va madurando y cada vez es capaz de absorber mejor los nutrientes. Como consecuencia, se producen menos residuos y, por tanto, las deposiciones pueden espaciarse. Es completamente normal que un bebé alimentado exclusivamente con lactancia materna haga una deposición cada varios días si está tranquilo, gana peso y las heces, cuando aparecen, son totalmente normales.

 ¿Qué es la disquecia del lactante? 

Existe una situación que muchas familias pueden identificar y que suele aparecer entre la segunda y la octava semana de vida.

El bebé presenta varios episodios al día de llanto e irritabilidad, acompañados de gruñidos, se pone rojo, encoge las piernas y parece que intenta hacer caca durante varios minutos. En ocasiones consigue hacer deposición y otras veces no.

Lo importante es observar cómo son esas heces cuando finalmente aparecen: son amarillas, líquidas o pastosas y con aspecto grumoso. Es decir, son completamente normales. No hay estreñimiento, ya que las heces no son duras ni secas.

Entonces, ¿qué está ocurriendo?

Al nacer, el ano permanece prácticamente relajado de forma continua. Con el paso de las semanas madura y comienza a permanecer cerrado, abriéndose solo cuando el bebé consigue coordinar ese movimiento.

El problema es que todavía no sabe relajar el ano justo cuando el intestino empuja las heces hacia el exterior. Como consecuencia, hace fuerza con el abdomen mientras mantiene el esfínter cerrado, lo que provoca molestias y hace que las deposiciones no las encontremos en el pañal.

En otros momentos del día puede relajar el ano y expulsar gases, pero no heces, porque en ese instante no existe un movimiento intestinal que las impulse hacia fuera.

Con el tiempo, el bebé aprenderá a coordinar ambos procesos: empujar con el intestino y relajar el esfínter anal al mismo tiempo. Cuando esto ocurre, las deposiciones salen con normalidad.

La disquecia del lactante es, por tanto, un proceso de aprendizaje y maduración. No necesita tratamiento, solo tiempo, paciencia y acompañamiento.

¿Qué podemos hacer para ayudar a nuestro bebé?

Podemos aliviar su malestar con medidas sencillas y respetuosas:

  • Después de las tomas, mantener al bebé en posición vertical, piel con piel o apoyado sobre el hombro de la adulta para favorecer la expulsión de gases.
  • Realizar masajes suaves en el abdomen, con movimientos circulares en el sentido de las agujas del reloj.
  • Flexionar suavemente sus piernas llevando las rodillas hacia el pecho y estirándolas después, siempre respetando su tolerancia.
  • Hacer movimientos como «la bicicleta» mientras jugamos o cantamos canciones.
  • Ofrecer baños con agua tibia, que ayudan a relajar la musculatura del periné.
  • Portear al bebé, ya que la posición suele apórtale calma.

Y, muy importante:

Nunca debemos realizar estimulación rectal ni administrar infusiones, laxantes o cualquier otro remedio sin indicación médica.

¿Cuándo debemos consultar con el pediatra?

Aunque la disquecia es un proceso normal, conviene consultar si aparecen alguno de estos signos:

  • Heces duras, secas o con sangre.
  • El bebé rechaza las tomas o come mucho menos de lo habitual.
  • Tiene fiebre.
  • No gana peso o pierde peso.
  • Presenta un llanto inconsolable durante un tiempo prolongado.
  • La familia siente preocupación o percibe que «algo no va bien». Vuestro instinto también es importante y merece ser escuchado

Familias, la disquecia del lactante es una etapa que suele generar mucha preocupación, pero es un proceso normal de maduración. Con el tiempo, vuestro bebé aprenderá a coordinar estos movimientos y las molestias desaparecerán por sí solas y por completo.

Mientras tanto, lo más valioso que podéis ofrecerle es vuestra calma, vuestro contacto y vuestra confianza. Acompañar esos momentos difíciles con paciencia y comprensión ayuda a que el bebé se sienta seguro y protegido.

Nuestro tono de voz, nuestras caricias y nuestra forma de sostenerle también son una manera de cuidar.

Confiad en vuestro bebé y en su capacidad para aprender. A veces olvidamos que, aunque son muy pequeños, su cuerpo sabe mucho más de lo que imaginamos. Solo necesita tiempo para  ser escuchado y terminar de madurar.